Lagartija Nick

Band

En esencia, la trayectoria de Lagartija Nick se puede definir con aquel aforismo de Val del Omar: «El que ama, arde. Y el que arde, vuela a la velocidad de la luz». La banda de Antonio Arias ha desarrollado una carrera tan brillante como temeraria. Se han suicidado varias veces. Y siempre cuando les iba bien. Han abrazado los extremos con pasión. Han pisado el acelerador contra el muro para elevarse con el impacto. Arias dice que su universidad fue 091, donde ocupa la plaza de bajista en los ochenta. Eric Jiménez ensayaba en el local de al lado. Ambos solían juntarse para tocar temas de Siouxsie & The Banshees. Esto ocurre en 1987: hace más de treinta años. En 1991, la formación, completada con los guitarristas Juan Codorniú y M.A.R. Pareja, planta las bases de su lenguaje en Hipnosis, uno de los discos de debut más excitantes del rock español. Tensión electrificada.

Vicio y paranoia en la voz-proclama de Antonio Arias. Descargas de punk-rock artie, visionario y anfetamínico. Atmósferas futuristas. Flashes perturbadores. Riffs tóxicos, entre Ron Asheton, Thurston Moore y John Cipollina. Un calambrazo de ideas en la resacosa escena nacional de la época. Un grupo bisagra, como Surfin’ Bichos, Cancer Moon o Los Bichos. Pero Lagartija Nick es un verso suelto.

En 2018 aparece el picture disc El testamento del sol..Las notas, versos, partituras y bosquejos que Jesús Arias dejó inacabados para su proyecto definitivo, Los cielos cabizbajos, constituyen la base sobre la que se cimenta el nuevo gran reto de Lagartija Nick. Un volantazo que, por su envergadura, sólo resulta equiparable a Omega y Val del Omar. Pero que nadie se equivoque: estamos ante unos Lagartija que se lanzan al vacío sin mirar atrás. Dicen que era el trabajo más ambicioso de Jesús y que es el más ambicioso de la banda. Y hay que darles la razón. El recuento de episodios bélicos, o sea, la guerra como resumen del siglo XX, deviene aquí en planisferio del horror y en emocionante canto a la libertad. El disco preserva la intención orquestal con la que lo pensó Jesús, con la presencia del Coro y el Quinteto de la Universidad de Granada, y la estrecha colaboración del pianista David Montañés.

El oyente astuto encontrará guiños al Manifiesto Guernika (1983), el único elepé de TNT. Empezando por Guernika, pieza angular de un mapamundi de la barbarie humana que despierta Nagasaki y saluda con un punto bowieano en (Buenos días Hiroshima). Una obra que reflexiona sobre la influencia de la religión en las guerras (Europa IO), que llama a la reacción de la sociedad buscando un entronque africano (Este es el plan), que desarma con la historia de unos Romeo y Julieta balcánicos (Sarajevo), que electriza (Intrusos) y que también mece con un canto orquestado (Ola equivocada). Del sinfonismo sideral de Introducción a la guerra a una Nueva York que define la reinvención del sonido de Lagartija Nick. Reminiscencias de Lorca, Bach, Kubrick y de la electrónica pionera de Wendy Carlos. De Granada al mundo. De las víctimas a los verdugos. En España nadie hace discos así.